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MENCHU GUTIÉRREZ    7 Septiembre 2002

La guía no incluye el conocido plano de la ciudad salpicado de puntos rojos en los que, al compás de una música determinada, se pueden beber licores o jarabes de insomnio artificial. Una guía de las cosas que suceden en la ciudad durante la noche, precisamente porque es de noche.

Horarios. Aparición de los murciélagos en el parque; de las ratas junto a los ascensores del museo. Sobre los cuadros más luminosos del salón impresionista, se hace de noche; sobre los nocturnos, se hace una segunda noche que, al dialogar con la primera, se convierte en un capítulo de la Historia de la Noche.

Imprescindible saber a qué hora deja de correr el agua de las fuentes, para asistir al espectáculo de la humedad e interpretarla como los posos de una taza de té.

Carácter de los habitantes nocturnos de la ciudad de X. El autor de la guía encuentra que se parece tanto al de otras ciudades, más septentrionales o meridionales, que se inclina a creer que son miembros de la misma familia. El viajero busca en los lugares de su memoria y confirma el parecido; le gustaría haber conocido al autor de la guía, a quien, tras consultar la fecha de edición del libro, supone muerto.

Fotografías de las principales plazas desiertas, portales cerrados, quioscos cerrados. Horario de túneles alternativos, de puertas que se abren a la mera insinuación de la linterna.

Horario del ritual de los gatos en el parque. Asambleas de patos.

Horario de la aparición de fantasmas. Primero, los espectros de los pájaros muertos en el interior de las estatuas: salida del vientre de los caballos. Después, los espectros de todos los que doblaron las esquinas con temor. Fotografías de las esquinas.

Horario de las paradas de autobús desiertas, de las barcas amarradas en el estanque, de los desagües que, ahora sí, se oyen.

Horario de las tareas de limpieza: enfundados en sus uniformes, los pálidos arrastran los desechos de la luz del día hacia el río subterráneo de las alcantarillas.

Horario de los relojes: girando con sus lentísimas horas en las torres más altas de la ciudad de X, son sus lunas.

Monumento a los niños que se despiertan en la noche y no saben dónde están o a quién lloran.

El viajero abandona la guía para escribir una entrada en su diario de viaje: 'Final del verano en la ciudad de X. Pienso en los viajeros nocturnos de la antigüedad: sentados en el anfiteatro vacío, meditaban sobre la tutela solar de sus sueños. El anfiteatro se parece mucho al banco del parque de la ciudad de X. En mitad de la noche, los sueños diurnos se rememoran con dificultad. A pesar de la luz que los ha alumbrado, el núcleo de sus átomos está siempre formado por partículas oscuras.

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