Pasó toda la noche cosiendo. Por la mañana, el vestido estaba terminado y reposaba sobre el respaldo de la silla. Las mismas manos costureras descorrieron las cortinas del pequeño taller en el preciso instante en que, por un ángulo de la calle, se abría paso el sol. Un rayo fue a dar sobre el vestido. La luz entró por el ojal abierto y abotonó el vestido, interpretándolo

LOCURA DE AMOR


Te lo dije. Te lo diré algún día. Te lo digo. Te lo voy a decir. Quiero repetirlo. Que yo te oiga. Eso no te lo puedo decir. Escúchame. Era pronto para decirlo. No debe decirse. Te lo estoy diciendo. Lo entendiste demasiado tarde. Lo que me dices. Quiero decírtelo. Dímelo otra vez. ¿Creía en lo que decía? Te escucho. Me lo dijiste sin querer. Me lo dijiste sin decirlo. Te lo repito. No quiero entender lo que dices. Dices que me entiendes.  No te lo he dicho. Díme. Te equivocas al decir.


Te lo dije para que se cumpliera.

Te lo diré algún día y el secreto marcará el ecuador de tu destino.

Te lo digo, pero el presente no tiene metáforas ni caudal.

Te lo voy a decir, prepara tus oídos para la fiesta del secreto.

Quiero repetirlo y asegurarme de que la primera vez ya contenía la segunda y la tercera, que era la reina de las veces.

Que yo te oiga, de día y de noche, en mi esencial caracola.

Eso no te lo puedo decir, es un fragmento, un trozo de pizarra, no tiene peso.

Escúchame, cuerdo mío.

Era pronto para decirlo: la habitación se encendió de rojo.

No debe decirse.


Te lo estoy diciendo: no-de-be-de-cir-se.

Lo entendiste demasiado tarde: por el hueco de la puerta viste la entrada y la salida; sólo mucho después, la salida.

Lo que me dices a veces suena a otro tiempo.

Quiero decírtelo, pero  las palabras se astillan en la boca.

Dímelo otra vez, loco mío.

¿Creía en lo que decía? No lo creo.

Te escucho y me parece oír una cortina de agua.

Me lo dijiste sin querer y luego lamiste mis heridas.

Me lo dijiste sin decirlo, con la lengua de los domingos.

Te lo repito para que no vuelvas al barro.

No quiero entender lo que dices para morir dos veces.

Dices que me entiendes pero eres la llave de todos los candados.

No te lo he dicho, lo has inventado, como has inventado la mentira.

Díme que sí.

Te equivocas al decir que sí.

Te equivocas al decir siempre.

Se aferró a la casa, negándose a aceptar su condición de huésped.

Sus pasos resonaron en el ático toda la noche.

Un sonido monocorde. Siempre el pie izquierdo

El cocktail se servirá a partir de las 20:00 p.m.

Etiqueta: desnudos y vacunados

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