La niña toma impulso para columpiarse. Cada vez que con la punta del pie toque las hojas de la rama del tilo, cumplirá un año.

Hasta celebrar su primer cumpleaños el balanceo es corto y esforzado. Pero ahí están las hojas y el pie que se estira: uno, dos. A partir de ahora, la niña crece muy deprisa en su cuerpo de niña. Tres cuatro, cinco y seis años pasan muy deprisa, y celebra siete, y otro cumpleaños. Cuando cumple nueve años está muy excitada, cuando cumple diez las hojas del tilo empiezan a deslumbrarla y la punta del pie comienza a serle extraña, cuando cumple once años piensa que las hojas son imanes para sus pies. Entre los once y los doce años, en ese balanceo completo del columpio, de delante para atrás y de atrás para delante, la niña conoce al demonio.

Esto es lo que sucede, a cámara lenta, en el recorrido del columpio.

Digamos que el recorrido tiene dos estaciones: cuando la niña celebra su undécimo cumpleaños, el columpio inicia la primera parte del recorrido, hacia atrás, y luego, a partir de un punto indefinido, en la frontera del retroceso, la segunda parte, hacia adelante, que culmina en su duodécimo cumpleaños.

En el transcurso del primer recorrido, la niña pierde un zapato, concretamente el zapato izquierdo; cuando llega al punto límite del retroceso, la niña tiene un pie desnudo y un pie calzado, y el frescor vertiginoso que invade su pie liberado del zapato, se apodera rápidamente de la pantorrilla.

Desde el punto más alto de la estación del retroceso, la niña ve el zapato en el suelo y piensa que ahí, en el suelo, está bien; no va a intentar atraparlo en el descenso, decide experimentar el frescor, ya lo ha decidido.

Ahora comienza el otro recorrido, el mismo recorrido pero en dirección contraria, una especie de zigzag en el tiempo sobre el que la niña traza una cruz: la niña barre lentamente la memoria, y porque viajamos con ella muy despacio, vemos con ella al demonio, que está sentado en cuclillas sobre la última rama del tilo, junto a las hojas que ella tiene que alcanzar, ¿con qué pie? ¿con el izquierdo, desnudo, o con el derecho?

La niña ve claramente al demonio y no sabe si va a tomarla del pie o va a cortar las cuerdas que sujetan el columpio. Poco tiempo basta para saber.

La niña toca las hojas con el pie derecho, pero adelanta un poco el izquierdo, un poco más, y siente ligeramente el látigo acariciador de una hoja.

El demonio sonríe entre las hojas y la niña, que ha cumplido doce años, tiembla mientras inicia el retroceso en el columpio, mientras se prepara para llegar a una nueva estación.

No es el temblor el que hace que caiga el zapato del pie derecho al suelo, es la niña la que, después de convencerse de que el pie calzado es bueno y el pie desnudo es malo, deja caer el zapato y se lanza temblando hacia el segundo recorrido, con el frescor subiéndole por los muslos y levantándole la falda, dispuesta también al castigo. [...]


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2000

La iglesia blanca y la iglesia negra se reparten, en forma de mareas, los días de los protagonistas de este libro: hombre y mujer representados en las distintas edades de su cuerpo y de su conciencia. En el tiempo de la iglesia negra, el demonio y la demonia incitarán el deseo de hombre y mujer valiéndose de la extrema revelación de los sentidos: una negra liturgia del erotismo que, finalmente, sostiene el no retorno del conocimiento.

A igreja branca e a igreja negra repartem, sob a forma de marés, os dias dos protagonistas deste livro: homen e mulher representados nas diferentes idades do seu corpo e da sua consciência.

No tempo da igreja negra, o demónio e a demónia provocarao o desejo do homen e da mulher, valendo-se da representaçao extrema dos sentidos: uma negra liturgia do erotismo, que, no limite, está na baso do nao retorno do conhecimiento.

Estamos perante um texto que como o seu "realismo lírico" se destaca no panorama da narrativa espanhola contemporânea.