↵poesia.htmlpoesia.htmlshapeimage_1_link_0
→poesia_lamanomuertacuentaeldinerodelavida.htmlpoesia_lamanomuertacuentaeldinerodelavida.htmlshapeimage_2_link_0

En mitad de la noche, el ojo de Newton se ha puesto a recolectar ojos que ha guardado en una cesta. Ojos de pájaro y de pez, de ciervo y de serpiente, de águila, de nutria... y muchos, muchos ojos de mosca. Luego los ha introducido en una almirez gigantesco y ha comenzado a remover y a ligar la repelente mezcla. Repelente, porque el ojo de la serpiente se sentía amenazado por el ojo del águila, y el ojo del ciervo recelaba del ojo de la serpiente, y todos los ojos se miraban entre sí con tanto temor como codicia.

Los ojos de mosca, desprendidas sus facetas, actuaban como aglutinante de una sola córnea sin iris ni pupila definidos. El ojo sin cuartel de la mosca ha obedecido a ojo de Newton sin hacer preguntas y se ha convertido en el perfecto aliado de su voluntad.

Mientras catarata  y opacidad crecían, mientras los ojos estrellaban su negro espectro contra la roca lisa e ilimitada del almirez, decían todo el mundo; decían, sí, que ver es sinónimo de muerte.

El sonido dejó de interponerse a la visión, y en puro silencio el almirez dio a luz un ojo.

La pared circular de bronce brilló un instante con una llama blanca. Por un instante, el ojo mantuvo el equilibrio en el centro del almirez; luego, desorbitado, cayó muerto.

¡Qué vería el ojo en ese alumbramiento del que sólo pude ver la blanca crispación de la pupila!  ¿De qué forma ese iris, radiado del violeta al amarillo, acusó el veneno blanco vertido en su interior? ¿De qué forma se hizo el blanco? ¿Y dónde la ceguera comenzó a ser recordada?

1/5

⊙inicio.htmlinicio.htmlshapeimage_3_link_0