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Cuando una interna del manicomio de Wittenau, en el que está internada, pregunta a Unica Zürn por la razón de su presencia allí, ésta le responde: «¡Oh, he oído a un gran poeta recitar una poesía dentro de mi vientre!». Antes, ha relatado la llegada a su ciudad natal, al inicio de una crisis. Tras la II Guerra Mundial, Berlín está dividida, y Unica Zürn decide secretamente encargarse de la reconstrucción de la metrópoli, devolverla a la unidad; ella va dar a luz a esta ciudad nueva. Y es tan grande su deseo que siente los dolores del parto, idénticos a los que sufrió con el nacimiento de sus hijos. Las realidades invisibles se encarnan en esta mujer, las escalas se invierten, la materia se transforma; leyéndola, sentimos que la Tierra puede convertirse en un terrón de azúcar y ser llevado a la boca.

De poesía están hechas las digestiones de Unica Zürn  y sólo con los poetas y a los poetas habla. Ellos son los destinatarios de las cartas que envía desde la ventana abierta del manicomio y que deja volar como pájaros blancos, «emisarios de su transformación».

«El hombre jazmín» es el diario de una poeta atrapada entre dos mundos, el de la vigilia y el sueño, un espacio en el que todo es posible: lo maravilloso y lo terrible, lo oscuro y lo luminoso, la vida creadora y la muerte. [...]

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