FORMAS DE DECIR EL SILENCIO”: MENCHU GUTIÉRREZ

10 a 16 de septiembre 2012

Temario:

ATMÓSFERAS DEL SILENCIO
“Tapices poéticos” creados a partir del diálogo entre lenguajes creativos diferentes, y que apelan al silencio del paisaje, de los espejos, al silencio del rostro. La obra de los pintores Hammershoi, Hopper o de Caspar David Friedrich en diálogo con textos literarios de Jullien Gracq, Dino Buzzati y de otros autores con los que comparten atmósferas del silencio, y en relación con la música, como en las nanas flamencas.

◦EL SILENCIO DE LOS ELEMENTOS
Esta sesión tiene como punto de partida el ensayo Decir la nieve (Siruela, Madrid, 2011), de Menchu Gutiérrez. Y se abordan las metáforas que el silencio de la nieve ha inspirado a autores como Maupassant, Joyce, Kawabata, Tanizaki, Walser o Tsvietaieva.
Se hará también un pequeño viaje en torno a la literatura del silencio del desierto y de la noche.
Reflexiones en torno a la naturaleza del silencio en la filosofía china.

◦EL SILENCIO Y EL SECRETO
Silencios simbólicos y literatura del secreto. Relación entre el miedo y el silencio
Proyección de la película “La cinta blanca” (“Das wiesse Band”, 2009) de Michael Haneke.

◦EL SILENCIO MÍSTICO
Exploración del silencio místico y religioso en la literatura y la poesía. Se comentarán textos de San Juan de la Cruz, Matsuo Basho, Patanjali, Maestro Eckhart, Hildegarda de Bingen o Teresa de Jesús, entre otros autores.
Proyección de “El gran silencio” (“Die grobe Stille”, 2005), del director alemán Philip Gröning. Documental rodado en el interior de la Grande Chartreuse, en los Alpes franceses, donde se muestra el día a día de los monjes de la orden de los Cartujos, que han hecho voto de silencio.

◦SESIÓN DE CLAUSURA
Concebida como un diálogo en torno a las impresiones suscitadas durante el curso, y un espacio de creación para los alumnos, que podrán debatir sobre vasos comunicantes y puentes tendidos entre distintas disciplinas y lenguajes.


Reseña del curso:

“Los reflejos del silencio”
Fausto Gabriel Ruiz
(
Alumno Maestría en Letras, UNAM)
Año de publicación: 2012

Durante la segunda semana de septiembre, Menchu Gutiérrez, escritora española, nos introdujo en el silencio o, mejor dicho, nos indujo en él. Para penetrar en sus múltiples significados resultó necesario habitar en él: callar para escuchar del silencio. En una especie de inmersión intelectual y espiritual, la autora fue guía a través de las diversas experiencias que tenemos del silencio y al mismo tiempo de su naturaleza inefable y, quizás, absoluta. A lo largo de esta semana, convivimos en una extraña complicidad en torno a lo que resiste ser ausencia o saturación, secreto o epifanía, movimiento o quietud, quizás todo y nada a la vez.
Menchu Gutiérrez compartió con nosotros un vasto repertorio de representaciones que, sin limitarse a una tradición específica, conformaron cuatro modos –cada uno por sesión- de aproximación al silencio: primero, el silencio actual, segundo, el silencio y el sonido, tercero, el silencio y el secreto, y por último, el silencio místico. La primera sesión inició con esta frase de Ullán: “No sé por qué se gasta tanta palabra en torno al silencio”, lo que nos disponía de entrada a un arduo camino en torno a lo que se resiste ser enunciado. Esto me trajo a la mente a Wittgenstein que concluía su Tractatus: “De lo que no se puede hablar es mejor callar.” ¿Acaso el silencio es algo de lo que podamos hablar? ¿No es acaso el límite de lo que el lenguaje comprende? Desde esta perspectiva sólo era posible señalar el carácter inefable y enigmático que cifran la reticencia del silencio a ser tematizado. “No estamos hechos sino para los pequeños silencios”, citó Menchu de Clarice Lispector.
Pasamos entonces a los silencios: el incesante ruido de la ciudad como una nueva forma del silencio; el silencio como espacio que posibilita el nacimiento del sonido y, por lo tanto, del oído; el sonido matricial cuyas resonancias persisten en nuestra memoria como protección y habitación primigenia; el suave quebranto del silencio cuya manifestación son las nanas que nos transportan al mundo del sueño; el silencio como el sonido de la creación así como del sonido imperceptible del crecimiento de la naturaleza. Esta aproximación abrió la posibilidad de reflexionar sobre cómo la experiencia del silencio y, consecuentemente, sus representaciones han sufrido transformaciones a lo largo de la historia: la crepitación del fuego frente al zumbido de la bombilla eléctrica, el silencio del campo poblado de sus sonidos de follaje e insectos frente al barullo incesante de los coches en las avenidas de las ciudades. Menchu nos trajo a la mente a John Cage, para quien el silencio –o bien su silencio– era el ruido del tráfico afuera de su apartamento en la 6ª avenida en Nueva York.
El silencio se abrió también como tenue vibración que precede y antecede toda experiencia. Vibración que, para la sordo-ciega Hellen Keller, constituía su única experiencia del sonido. O bien, el sonido del mundo que, según Quignard, ha cambiado de tonalidad. Tránsitos en nuestros sentidos a través de un silencio que se niega a callar; en nuestra memoria, en nuestras heridas, el silencio es presencia de lo que no cesa de consumarse.
En la segunda sesión, profundizamos con Menchu la relación del silencio y los elementos naturales. El silencio como esa neutralidad que desborda en paisajes y melancolías. Menchu compartió con nosotros fragmentos de su más reciente libro Decir la nieve; en él se explora la densa quietud de la nieve, esa saturación de un blanco que no sólo envuelve el campo visual sino que configura un silencio muy peculiar. En el libro de Menchu también leímos un poco de la nieve de Maupassant, Joyce, Kawabata, Tanizaki. El silencio se tornó fragancia con Heure bleu, perfume de tan sugerente nombre, ese azul que no corresponde ni al día ni a la noche, y que ha recibido las más profusas y eclipsadas adjetivaciones por los especialistas en fragancias. Esto motivó la reflexión sobre el silencio como intervalo, como corte que permite la transición de una atmósfera a otra: “la música es un silencio bien cortao”, citaba la autora de un rockero andaluz. Para concluir esta sesión, pudimos observar el silencio encarnado en el cuerpo a través de coreografías de Pina Bausch, en las danzas hindús, y en su fragilidad expresada mediante el baile Glass Tooth realizado por Saburo Teshigawara sobre vidrios rotos.
En la sesión del miércoles, Menchu nos habló sobre el silencio que se guarda y dice tanto. El silencio del secreto en el que comulgan los criminales, los amantes o las víctimas de una tragedia. El silencio que se pide y se otorga para defenderse o para someterse. El silencio como estrategia simbólica que cifra lo oculto, lo desconocido: el libro mudo de la alquimia en cuyos crípticos grabados se hallan las claves de la transmutación. Más adelante, nos llevó a reflexionar sobre el silencio como síntoma, como manifestación de lo que excede lo asimilable y consecuentemente lo narrable. Mencionó también cóomo, en los textos médicos de la edad media, la presencia de un zumbido era síntoma de la melancolía, mientras nos mostraba un grabado de Durero en el que un demonio sopla con un fuelle el oído de un hombre. La sesión finalizó con la proyección de la película La cinta blanca del director alemán Michael Haneke.
Durante la cuarta sesión, Menchu abordó el silencio místico en el que las palabras de San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús y el Maestro Eckhart resultaron tan pertinentes. El silencio, en su sentido místico, se exploró como ascesis, como actitud de pura receptividad hacia lo divino. La necesidad de purificarse de lo terrenal, dejar de escuchar “el ruido del mundo”, era una exigencia esencial para la comunión con el Dios. La autora española evocó las paradojas de los maestros Zen y sus extraordinarias subversiones del sentido en donde la única respuesta correcta es otro sinsentido. De ahí pasó a la relación del lenguaje y lo divino: la palabra seminal, el verbo que fecunda lo animado, la letra Beth que en el hebreo representa el sonido del silencio. Dios es un verbo no dicho según San Juan de la Cruz; para Eckhart es el templo vacío que lo contiene todo en su nada. Volvimos a la música con las piezas de piano Música Callada del autor español Federico Mompou, que con tan mínimos recursos conmovió aún más nuestro silencio. Esto nos dispuso hacia su significación eminentemente poética, silencio como centro y límite de lo que nos es posible decir; pensarnos en la incesante recreación del mismo poema, de la misma pregunta, de la misma búsqueda que terminará en silencio y así, la poesía como plegaria para penetrar en el significado de este silencio. Michel Hulin en su Mística Salvaje: “Leer como rezar; ser poeta, como enmudecer ante la sorpresa, el arte, el dolor, el amor, presa de una hemorragia de silencio.” Finalizamos con el excelente documental
El gran silencio de Philip Gröning, quien esperó dieciséis años el permiso de la Orden de los Cartujos para filmar el día a día de un monasterio en el que los monjes guardan voto de silencio. Menchu, antes de empezar la proyección, mencionó los Monasteriales Indicia, que era el lenguaje sígnico de los monasterios anglosajones.

Finalmente, el viernes los participantes rompieron su propio voto de silencio. En esta sesión nos detuvimos más en algunos ejemplos que los participantes aportamos desde nuestra formación y experiencia personal. La semana representó sin duda una gran exploración en torno a un tema tan vasto e interesante, pero sobre todo fue un acercamiento muy íntimo con la personalidad de Menchu;, sus pasiones, sus experiencias, sus lecturas fueron compartidas sin reticencias académicas, ni pretensiones homogeneizadoras. El aprendizaje con la escritora fue una auténtica deriva en busca de indicios que nos acercaran a algo que permanece lejano, fue necesario desorientarse y deponer las armas para captar lo que siempre ha estado ahí, esa palabra, silencio, con la que Menchu iniciaba y terminaba sus pensamientos, sus citas y sus recuerdos.

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